lunedì 31 ottobre 2011

Home Visit for HLS Collaborators-us


received anonymously:

"On the night of October 27, the ALF decided to help Michele Bollinger, VP of Business Development and Consulting for Aptium Oncology, get into the Halloween spirit. We showed up at the house she shares with her husband Jeremy at 2251 Pelham Ave and redecorated her walls and vehicle, with the aid of a little bit of red spraypaint, stripper, and etching paste. The ALF wants to let all the kids in the neighborhood know about the house of horrors that Michele and Aptium, as an AstraZeneca subsidiary, support at Huntingdon Life Sciences.

We are so close to shutting this hellhole down for good, let's make it happen by hitting AstraZeneca where it hurts. Get out there and get active!"

http://directaction.info/news_oct31_11.htm

Neo-Nazis beaten with sticks and ran out of occupation — Seattle, WA


Folks were crawling into their tents at about 2:30 a.m. last night and attempting to enjoy their first restful night at Occupy Seattle’s new digs on Seattle Central Community College campus. But a few minutes later, three men walked into the camp and began to Sieg Heil salute. I didn’t see this part because I was in the back of the encampment, but when I got up front, dozens of witnesses said they had kicked out the Nazis, including one man had the words “Sieg Heil” tattooed on his chin. These weren’t just people dressed up as Nazis for the Halloweekend, they said, but real-deal white supremacists. Not only did Occupiers push out the Nazis, several said that other protesters were attempting to hit the Nazis with sticks.

By 2:45 a.m., the Nazis were long gone, but the protesters were angry and fighting among themselves. In a two-hour meeting marked by screaming and additional physical confrontations between Occupiers, many argued that the Occupiers needed to keep out Nazis “by any means necessary” while others seemed reluctant to embrace physically aggressive tactics. And this exposed a certain weakness—at least an unresolved disagreement—that polarized the group. When is force necessary for a nonviolent movement?

The argument for using force, raised by several people, is that many people of color and low-income populations come from communities where the police cannot be trusted to impose order (police officers can make a bad situations worse) so protesters need to take matters into their own hands. Others wanted to avoid physical confrontation. As heat grew, one man in a top hat was being physically pushed out of the campus because some people believed he was a Nazi sympathizer (he’d gotten between the Nazis and protesters with sticks earlier to break up the fight, he said). They were pushing him to the sidewalk and screaming at him while he provoked them back. Police began to watch nervously from the sidelines. One woman then sidetracked the meeting—more of a screaming match at this point—when she asked to see a show of hands of everyone who heard one guy call her a “bitch” earlier. This went on for at least two hours. Some said they needed to send a message that Nazis aren’t welcome and others feared the Nazis were trying to infiltrate their movement.

http://slog.thestranger.com/slog/archives/2011/10/30/three-nazis-kicked-out-of-occupy-seattle

http://socialrupture.tumblr.com/

[Textos] No nos parece bien la defensa del “estado de bienestar”


¿Estado de bienestar, o revolución?

Algunos partidos políticos, organizaciones y sindicatos del estado español que dicen ser “de izquierda” aúnan en estos tiempos voces y esfuerzos para defender aquello que llaman “estado de bienestar”. Ello lo hacen en medio del aplauso de gran parte de la sociedad, la cual se entiende beneficiaria de dicho estado de bienestar y por ello partidaria de su pervivencia.

En Tortuga tenemos otra perspectiva.

Asociamos “estado de bienestar” a otros términos mucho menos halagüeños: “sociedad de consumo”, “primer mundo”, “Europa rica”… Tras la pertinente comprobación histórica, concluimos que en general esta forma política y social tal como la conocemos hoy no es tanto la conquista de las luchas del movimiento obrero como se afirma de forma exagerada, sino que obedece en mucho mayor medida a las necesidades e intereses de las instituciones estatales liberales y capitalistas, intereses que se agudizan sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial. Estas élites, en plena mundialización de la economía y de la guerra fría contra el comunismo, optaron por generar en determinadas zonas del planeta una cierta redistribución de la riqueza allí acumulada, parte de la cual se repartió entre amplias capas sociales en forma de servicios y subsidios, siempre administrados y dosificados por los aparatos estatales. Este tipo de políticas contaban ya con pequeños antecedentes desde principios del siglo XIX, pero fue en este momento, coincidiendo con la acuñación del término “estado de bienestar”, cuando se apostó fuertemente por ellas.

Con estas políticas las clases dominantes a nivel mundial obtuvieron durante toda la segunda mitad del siglo XX y casi hasta nuestros días, la desactivación de las luchas obreristas revolucionarias en el primer mundo, conjurando así la amenaza socialista. Dichas élites se rodearon de un amplio y cómodo colchón amortiguador de “ciudadanos” conformistas con el orden liberal establecido, beneficiarios de cierta capacidad adquisitiva o de consumo, acostumbrados a depender cada vez en mayor medida y para más cosas de la institución estatal y, en el mejor de los casos, partidarios sólo de cambios políticos y sociales de carácter superficial.

Este análisis se complementa con razones económicas, de tanta, y quizá incluso de mayor relevancia que las anteriores, que tienen que ver con la teoría del economista John Keynes: la redistribución de servicios y subsidios entre la población de nuestros países occidentales también pretendió en su día la implantación de fuertes mercados internos que sirvieran de motor al desarrollismo económico capitalista.

En el caso español es revelador que, a pesar de la existencia de numerosos hitos de legislación y política laboral y social que se veían dando desde principios del siglo XIX, de la mano, justamente, del desarrollo del aparato estatal liberal, la implantación de una parte fundamental del estado de bienestar tal como ha llegado a nuestros días (Seguridad Social entendida como asistencia sanitaria gratuita universal, sistema estatal de pensiones y coberturas de desempleo cercanas al salario bruto) se la debemos principalmente a la dictadura franquista, y en concreto a leyes como la de Desempleo (1961) o la de Bases de la Seguridad Social (1963), promulgadas en tiempos de escasa o nula conflictividad obrera pero de fuerte impulso estatal al desarrollismo industrial. En esta implantación profundizaron posteriormente diferentes gobiernos de la dictadura, y se completó hacia 1978.

Éste es el marco que se defiende hoy desde estos partidos, organizaciones y sindicatos citados.

Frente a la defensa de un modelo económico totalmente incluido en el capitalismo y diseñado y promovido por las élites liberal-burguesas que vienen acaparando el poder político, desde Tortuga apostamos por una revolución integral superadora del capitalismo y del sistema no libre de gobierno que le es inseparable acompañante. Desarrollaremos en este escrito las características principales de nuestro concepto de “revolución” así como del tipo de sociedad y relaciones humanas a las que aspiramos. Pero antes nos detendremos en una crítica más pormenorizada acerca del estado de bienestar y en un sucinto análisis del momento de crisis que actualmente parece atravesar este modelo.

El estado de bienestar es contrarrevolucionario

En realidad, éste viene a ser un modo de soborno o de compra material de lo que llaman la “paz social”, esto es, la ausencia de conflictos. De esta forma se logra que amplias capas de población de las sociedades en las que el estado de bienestar se da acaben viviendo con actitudes conformistas y con nulos deseos de cambio social. El miedo a perder lo que se tiene impide, o vuelve muy complicado, analizar en profundidad las causas y consecuencias del orden político y social y evita que se tengan oídos receptivos hacia quien lo cuestiona. Aborta, en definitiva, la posibilidad de que la sociedad tome conciencia de las contradicciones en las que vive y se organice con voluntad y determinación de obtener cambios sustanciales, es decir, revolucionarios.

El estado de bienestar es injusto

Porque no es ni puede ser universalizable. Se da, como decimos arriba, en virtud de una cierta redistribución de riqueza acumulada en una porción minoritaria del planeta denominada “primer mundo”. Una importante porción de esta riqueza no se genera en nuestros países sino que es expoliada del resto del mundo, o sea, de los países llamados (a causa de ello) empobrecidos, y depositada aquí. Tal cosa se consigue empleando multitud de fórmulas: colonialismo-imperialismo económico, multinacionales, deuda externa, reglas comerciales impuestas por el primer mundo, instituciones como el FMI, la OMC, etc. Llegado el caso, la maquinaria militar primermundista se convierte también en herramienta del robo de riqueza de esos países del tercer mundo, como podemos comprobar en los casos de Iraq, Libia o la República Democrática del Congo, por citar algunos de los más paradigmáticos en ese sentido.

Las grandes corporaciones expoliadoras emplean buena parte del capital que obtienen con dichas operaciones de colonialismo económico en realizar inversiones en los países del primer mundo donde están radicadas, dinamizando su economía y generando empleo. La tributación directa al estado de las grandes corporaciones, e indirecta a través de la economía subsidiaria que generan, es la que permite a éste recaudar el dinero “suplementario” con el que ofrecer a la ciudadanía los bienes y servicios que definen el estado del bienestar y de los que por supuesto no pueden gozar los habitantes de los estados expoliados, los cuales además sufren grandes daños en su propia economía doméstica. Un ejemplo menor pero muy clarificador podría ser la pesca del atún en las costas del Cuerno de África. Como puede apreciarse, el estado de bienestar es un producto resultante de las peores dinámicas del sistema económico capitalista, y su existencia guarda relación directa con la pobreza extrema de una parte mayoritaria de la humanidad.

El estado de bienestar es antidemocrático

De forma harto paradójica, la palabra “democracia” ha llegado a ser la más comúnmente utilizada para definir sistemas políticos que en realidad son de dominación. Nos cuesta hallar en la historia de los estados un orden de gobierno que en los hechos se haya correspondido con lo que intenta significar el vocablo. Es por ello por lo que tenemos ciertas reservas a la hora de emplearlo. A nuestro juicio solo cabe hablar de “democracia” cuando cada persona puede participar libre y directamente en la decisión de aquellas cuestiones que le afectan. En consecuencia solo será “democrática” una sociedad que garantice tal principio a pequeñas y grandes escalas y ninguna otra.

El estado de bienestar es la concreción más pura y acabada del estado-nación liberal y burgués diseñado en el siglo XIX. Su existencia es el formidable logro de una situación en la que una pequeña élite acapara todo el poder de gobernar y dispone de la mayor parte de riqueza y medios para producirla, mientras que la mayoría desposeída completamente de poder y de la parte principal de la riqueza vive conformándose con su situación, satisfecha con los servicios materiales que recibe del estado y convencida de que pertenece a una sociedad libre y democrática.

Aunque el sistema de elecciones cada cierto número de años trata de dar carta de naturaleza a una pretendida “soberanía del pueblo”, la realidad es que la alianza entre una pequeña oligarquía de políticos profesionales, la alta burocracia del estado, los poderes económicos y los medios de comunicación mantiene bien controlado el acceso a los centros de poder en todos los países donde se da el estado de bienestar. Los votantes en todos estos estados, entre los que se encuentra el nuestro, están irremisiblemente abocados a optar solo entre opciones políticas continuistas. En cualquier caso, incluso aunque se diesen fórmulas electorales más abiertas, el resultado práctico seguiría a años luz de la democracia, ya que ésta, como decimos, supone la participación decisoria de las personas en aquellas cuestiones que les afectan. Nada de eso sucede en las sociedades del estado de bienestar, en las cuales las personas, denominadas “ciudadanos”, no tienen ninguna forma de decidir tales cosas y sólo reciben el dudoso derecho de votar cada cierto número de años para elegir a los miembros de la élite burocrática que han de regir irremisiblemente su vida y destino durante la siguiente temporada.

En el supuesto, cada día más inverosímil, de que fallase alguno de estos mecanismos de control, el aparato estatal-capitalista tiene otra carta guardada en la manga: la policía, el ejército y la cárcel. Estos órganos del aparato estatal son la definitiva negación de la democracia y el anuncio de viva voz de que nadie puede evitar obedecer las decisiones de las élites gobernantes ni muchísimo menos cuestionarlas en su esencia.

Es paradigmático el papel que juega la institución militar, que, como decíamos antes, es un elemento de primer orden como garante armado del expolio comercial del Norte sobre el Sur. Pero de puertas adentro, y en compañía de su institución vicaria, la policía, desempeña una función igualmente trascendente como última y determinante barrera defensiva de los intereses de la minoría en el poder. Desgraciadamente en el estado español disponemos de abundante experiencia al respecto en los últimos 200 años. Desde los habituales pronunciamientos militares decimonónicos hasta las facultades que la misma Constitución vigente concede al ejército (pone los pelos de punta leer todo lo referido a estados de excepción, de alarma, a situaciones bélicas y más cosas) pasando por una ominosa y no tan lejana dictadura militar de casi 40 años.

El estado de bienestar es antiecológico

Estado de bienestar y sociedad de consumo vienen a ser sinónimos. El alto desarrollo industrial y tecnológico, así como los mecanismos capitalistas de expolio y concentración de la riqueza, han puesto en manos de amplias capas poblacionales de los países ricos una capacidad inédita de adquirir y consumir alimentos, productos manufacturados y servicios (por citar un ejemplo, los viajes en avión). Palabras como “crecimiento”, “desarrollo” y su eufemismo progre “desarrollo sostenible” o “de calidad” han sido y son mágicas consignas que han despertado maravillas en los oídos aburguesados de tanta gente. No pensamos que sea necesario extendernos para alertar de los efectos de tanto “desarrollo” y tanta capacidad de consumir y sus consecuencias a niveles medioambientales y de salud pública. Pocos dudan de la imposibilidad material de exportar a más lugares del planeta el modelo despilfarrador e irresponsable en lo material que caracteriza a todos los estados de bienestar (lo cual lo hace doblemente injusto), puesto que el colapso medioambiental sería casi inmediato. Pero es que ni siquiera es preciso llegar a formular dicha hipótesis. Incluso circunscribiéndonos a los lugares del mundo en los que se da ahora, la consecuencia del consumismo practicado en el estado de bienestar estaría ya causando daños irreversibles al planeta (destrucción de la atmósfera, de la biodiversidad…). Daños que, de no corregirse a corto plazo, amenazan con ser devastadores.

El estado de bienestar es antihumano

Otro sinónimo de estado de bienestar podría ser “sociedad del espectáculo”. Nosotros iríamos más allá y emplearíamos el término “sociedad del adoctrinamiento”. La apuesta decididamente material y furibundamente antiespiritual y antimoral de este modelo de sociedad, unida a los mecanismos adoctrinadores que posee la institución que está en su centro —el estado— también están generando un tipo de persona en permanente regresión.

Sistema educativo, cultura de masas, medios de información y comunicación… todo ello navega en una misma dirección —desde el poder hacia los individuos de la sociedad— generando una forma de concebir la realidad que ha sido definida como “pensamiento único”.

La apuesta del citado pensamiento único por el materialismo y el utilitarismo en todas sus expresiones, así como por una manera relativista y no ética de vivir en sociedad están logrando poco a poco la desaparición de formas relacionales populares tradicionales, de realidades de apoyo mutuo a diferentes niveles y de imbricación de unas personas con otras. Los valores cooperativos y solidarios que existieron tradicionalmente en numerosas colectividades van siendo sustituidos por actitudes egoístas e individualistas de darwinismo social, las espiritualidades se permutan por comportamientos hedonista-vacacionales, y la moral de las sociedades y la ética de las personas van siendo usurpadas en todos los casos por “lo que digan las leyes” y los tribunales del estado. A esto último le han puesto el nombre de “estado de derecho”.

Cualquier revolución, cualquier sociedad que valga la pena requerirá personas capaces de vivirla, seres humanos que realmente deseen la justicia, amen la libertad y estén dispuestos a luchar y sacrificarse para su consecución. El estado de bienestar, podemos afirmarlo, no contribuye a que exista ese tipo de personas. Más bien a todo lo contrario.

¿Por qué ahora el estado de bienestar está en crisis?

En nuestra opinión, por varias causas.

En primer lugar, las élites que controlan el poder político y económico en el primer mundo, a partir de la caída del Muro de Berlín y del derrumbe del bloque leninista, han ido paulatinamente perdiendo interés por un modelo que ya no les es tan imprescindible como antes. Una vez conjurada la “amenaza comunista” y lograda la garantía de que la población del primer mundo ha perdido cualquier tipo de deseo revolucionario, no necesitan invertir-repartir tanta riqueza en sobornar a la sociedad primermundista para apagar la llama insurreccional. Una vez los mecanismos adoctrinadores han dado su fruto y la inmensa mayoría de la población no cuestiona la ficción democrática del parlamentarismo, es posible aumentar la cuenta de beneficios —deseo permanente del gran capital por su propia naturaleza— a costa de algunas prestaciones estatales. Ese es el camino que se ha recorrido desde los años 90 hasta aquí, si bien en los últimos años se ha acelerado por causa de la crisis económica.

Una crisis que constituye un factor añadido. La burguesía —entonces clase social—, desde el siglo XIX organizada en torno a la institución del estado-nación liberal, es quien ha estado hasta hoy al mando de política y economía, tratando de mantenerse erguida a lomos de una bestia más bien poco controlable: el sistema económico capitalista. Dicho sistema, como es sabido, tiene sus ciclos largos y cortos, sus crisis financieras y sistémicas, sus recesiones e incluso una serie de contradicciones en las que podría estar escrito su derrumbe final. Hasta ahora la burguesía, luego convertida en oligarquía dominante, ha sabido cabalgar la bestia adaptándose a todos sus movimientos. Según han ido sucediendo unas y otras crisis, estas personas, desde la institución estatal, auténtica torre de control también de la economía, han ido tomando las decisiones convenientes para mutar y adaptarse a la nueva situación. Así, el sistema económico, según momentos y zonas, ha sido librecambista, proteccionista, keynesiano o ultraliberal (entre otras formas). El modelo económico ligado al estado de bienestar, el keynesianismo, ha venido siendo útil en momentos de fuerte desarrollismo. Los gurús de la economía han decidido que no es el más conveniente para capear momentos de crisis, y en consecuencia los gobiernos de los estados proceden hoy a recoger algunas de esas velas.

La crisis, que es productiva tanto como financiera, ha descuadrado el balance contable de los estados occidentales, los cuales se ven obligados a adoptar medidas de ahorro en su propia administración, así como ajustes diversos en las economías “nacionales” por una cuestión de “competitividad” ante otras economías emergentes. A ambos tipos de medidas responden los llamados “recortes sociales” que tanto rechazo generan en la población. Como la otra de las causas del “estado de bienestar” es la generación de mercados internos de consumidores, cabe interpretar que las autoridades de los estados occidentales tratarán de practicar los mínimos recortes que juzguen suficientes y cuya cuantía va a depender de la dimensión y duración de la crisis. Al menos en teoría. Como la citada crisis económica no solo afecta a los estados, sino también a las empresas privadas estamos asistiendo en numerosos países occidentales —en el estado español, por ahora, en pequeña medida— al “rescate” o adquisición por parte de los estados de empresas en crisis, bancos principalmente. Este trasvase de propiedad y de recursos económicos entre grandes empresas y estados (se privatiza, se nacionaliza, se vuelve a privatizar, se emite deuda, se “rescata” al banco que compró la deuda… moviendo fondos existentes e inexistentes de aquí para allá, pero siempre en manos de las minorías dominantes) es una patente demostración de que la institución estatal y el sistema económico capitalista son la misma realidad. Ni siquiera esos “mercados” a los que se invoca como una oscura mano que actúa contra los intereses de los estados, ergo contra los intereses de los ciudadanos, son otra cosa que una suma de entidades financieras y terceros estados “compradores” de deuda, es decir, prestamistas.

Resulta curioso que los agentes de “la izquierda”, que claman contra lo que juzgan “desmantelamiento del estado de bienestar”, apenas incluyan en sus peticiones conservadoras análisis económicos que avalen la viablidad de sus propuestas dentro del propio sistema liberal-capitalista, que es donde al parecer desean permanecer.

¿Cuál es la propuesta entonces?

Por si alguien venía entendiendo algo en esa línea, no estamos proponiendo pasar del bienestar al “malestar”. No se trata de derribar todo lo existente para volver a crear partiendo de cero. Por mucho que comprendamos al estado como una institución en manos de las élites y no del pueblo, no tendría sentido alguno renunciar “de golpe y porrazo” a todo lo que dicha institución hoy administra. Por ejemplo, mientras tomamos y no conciencia como sociedad y nos vamos autoorganizando en lo político y en lo económico, necesitamos un sistema de sanidad, entre otras cosas. Pero ello no quiere decir que no debamos a aspirar a dar los pasos necesarios para que el actual sistema sanitario esté, en un futuro, organizado y administrado democráticamente por las personas que son sus trabajadoras y usuarias, y no por dirigentes políticos y empresariales, como sucede hoy.

“La solución es la revolución” es un viejo eslogan recurrente en tiempos de crisis. Y es bien cierto. Pero una revolución que se ha de hacer paso a paso y con los pies en el suelo.

En primer lugar hay que despertar y tomar conciencia del engaño en que vivimos para no seguir defendiendo y apostando por aquello que nos destruye como sociedad y como personas, y que además es catastrófico para el medio ambiente… A continuación tendremos que comprometernos y empezar a generar alternativas auténticas a aquello que criticamos.

Frente a la dimensión contrarrevolucionaria del estado de bienestar habremos de crear grupos organizados y coordinados, movimientos sociales y espacios en los que reflexionar juntos en un primer momento para después salir al encuentro de la sociedad y de las instituciones, denunciando y enfrentándonos a los aspectos más inmorales y las consecuencias más nocivas del sistema, sin caer en el llamado reformismo burgués y, por ello, apuntando en cada acto a la superación de dicho sistema en toda su extensión.

Ante su dimensión de injusticia social y de grave atentado contra el medio ambiente, habremos de aprender a renunciar a aquellos elementos materiales de nuestra forma de vida que son superfluos, prescindibles, antiecológicos y comparativamente injustos, aprendiendo a vivir con menos y a ser más felices así. Desde ahí nos apoyaremos mutuamente e interpelaremos a la sociedad invitándola a seguir nuestro ejemplo. Ante perversos sofismas como el “desarrollo sostenible”, reivindicaremos el decrecimiento y la autogestión, abriendo caminos para experimentar fórmulas concretas de alternativa y superación del sistema económico capitalista.

Con respecto al déficit total de democracia, nos esforzaremos primero en denunciar tal situación con el fin de que sea conocida por el mayor número de personas. Evidentemente, dejaremos de participar y colaborar con cualquiera de los mecanismos que perpetúan la opresión (instrumentos coercitivos del estado) o sustentan la ficción democrática (elecciones). En su lugar desarrollaremos espacios asamblearios de participación horizontal y directa donde aprender primero a funcionar colectivamente con fórmulas realmente participativas, corresponsables y democráticas, para después extender estos espacios reclamando, disputando y arrebatando al sistema la potestad de decidir sobre las cosas que nos afectan. Asimismo, nos esforzaremos en crear alternativas tangibles y crecientes a todos los sistemas de adoctrinamiento vigentes: educativas, culturales y mediáticas.

Por último nos enfrentaremos a la destrucción que se está llevando a cabo actualmente de muchas de las características que a los seres humanos nos hacen ser tales, esforzándonos en recrear relaciones interpersonales y grupales verdaderas, de apoyo mutuo en lo económico, lo político y lo personal, tejiendo redes y alianzas de intereses e identidades comunes, generando sistemas amplios de participación en la gestión de la sociedad... Trabajaremos y tendremos en cuenta en nuestros grupos y movimientos sociales nuestras dimensiones humanas y psicoafectivas, las relaciones entre sexos, las necesidades de tipo cultural, espiritual, artístico… Reivindicaremos y tendremos muy presente la necesidad de una ética individual afirmada en valores positivos y de una moralidad social que ayude a mantener y desarrollar aquellos elementos comunes que se juzgan beneficiosos y necesarios, que además garantice la libertad de cada individuo en lo que se refiere a conciencia y opciones.

Grup Antimilitarista Tortuga

http://www.grupotortuga.com/No-nos-parece-bien-la-defensa-del

Documental El Forat (el agujero)


En un momento en el que la xenofobia policial, el canibalismo social y la precariedad se han ido adueñando de este barrio, me gustaría dejar por aquí este documental, el cual relata el origen de la situación de esta zona de Barcelona.

Fue entre los años 2000 y 2003 cuando los intereses especulativos de la inmobiliaria PROCIVESA, encargada de re-estructurar diferentes zonas de la Barcelona vieja, centraron sus codiciosos ojos en esta zona. Expropiaron a muy bajo precio varias manzanas de la Ribera, derribando luego las viviendas y dando origen a un enorme descampado, tierra de nadie que recibió el infausto nombre de Forat de la Vergonya (el agujero de la vergüenza).

Surgían entonces las primeras protestas vecinales que denunciaban los aspectos de la otra cara del suculento pastel que inmobiliarias y poderes públicos se habían adjudicado: las obras de las nuevas viviendas nunca terminaban y las excusas rozaban ya el surrealismo, las autoridades abandonaban a su suerte a un barrio ya de por sí castigado y de tradición precaria, lxs vecinxs realojadxs en pisos nuevos tenían que aceptar contratos donde les eran negados varios de los derechos que a priori poseían...

En las fechas navideñas que daban paso al año 2002, un grupo de vecinxs plantó justo enfrente de la última manzana habitada que se encontraba pendiente de ser derribada un abeto de navidad que se convirtió en símbolo de la resistencia vecinal del barrio y que tenía como objetivo reivindicar en aquel lugar una zona verde que chocaba con los planes del ayuntamiento, el cual ya había pensado en colocar allí un gran parking y apartamentos pequeños para estudiantes.

Pronto el abeto fue cortado y la indignación vecinal fue creciendo dado que muchxs identificaban a PROCIVESA como la responsable de la tala. De los balcones colgaban pancartas con lemas como "Fora especuladors del barri!!", "¡los vecinos queremos zonas verdes!" o "derecho a contratos indefinidos" y otro abeto fue sembrado. Días después, el abeto había muerto, completamente seco. Alguien lo había envenenado. Fue entonces cuando de manera paralela a un tercer abeto navideño plantado irónicamente en pleno mes de Mayo, la inmobiliaria aceleró los ritmos de derribos recurriendo a prácticas brutales para con lxs vecinxs que osaban oponerse. Un grupo de jóvenes y no tan jóvenes llegó entonces al barrio y empezó a okupar las viviendas que la inmobiliaria todavía no había derribado.

Nerviosa ante la posibilidad de que sus planes se fueran al traste, la inmobiliaria comenzó a requerir la presencia policial que con tal pretexto, se hizo cada vez más notable, constante y violenta. Ahí nacía un movimiento de desobediencia que hoy aún vive en los corazones de muchxs de lxs vecinxs de Barcelona que se niegan a asumir la imposición de un modelo de ciudad turística donde consumo y lujosos carteles de neón iluminan calles grises, repletas de control social y vacío pero perfectas para el modelo de ciudad que el capitalismo había pensado para la nueva Barcelona y que lograría a través de un urbanismo cada vez más carcelario y la represión cada vez más generalizada a lxs habitantes de los barrios más precarios que subsisten en las ruinas mientras en Bonanova o Jardinets de Gracia la crisis sólo aparece en sus caros televisores.

Detrás de esa imagen propagandística de Barcelona, ciudad post-moderna existe la realidad, una ciudad de tradición combativa y libertaria que ahora se limita a destino de vacaciones para reyes y papas donde los barrios pobres desaparecen en silencio (¿en silencio?) para dejar paso a la Barcelona de lxs ricxs, que es la Karcelona de lxs excluídxs, de lxs pobres, lxs yonkis, las putas y lxs que no tienen para llegar a fin de mes.

Nota: Para ver el documental mejor, recomiendo hacerlo en pantalla completa.

+ video

http://vozcomoarma.blogspot.com/

IMF riots in Athens – a brief presentation of the work of Yiannis Biliris
























What makes photography a strange invention is that its primary raw materials are light and time.

– John Berger

It is a peculiar exercise to add a foreword to any photographic work but in the case of Athenian photographer Yiannis Biliris, the exercise is a mostly unnecessary one, too: his photographs are vivid enough to speak for themselves. Yet seeing them for the first time, I felt that a wonderful Greek word, καθάρια (kathária) could perhaps best encapsulate their spirit: somewhere between clear and fine, the word has a characteristically airy feeling to it, one then inextricably linked in my mind to the blazing Athenian light. He might talk of a ‘distortion of reality’, yet his is a distortion of the reality served by the media: for those of us who met on the streets time and time again, these photographs are an invaluable documentation of what has been happening around us. Biliris’ photographs capture the raw photographic material of light in crystal-clear form and through this present us with perfect stills of galloping times. --AVI

It proves quite difficult to write something about these photographs.

Perhaps because, from the start, I didn’t attempt to approach any truth that would be found ‘out there’ but instead the need to document my own ‘distortion of reality’emerged, almost pressingly. For some-not so paradoxical-reason, I wished the universe I would try to make to be totally opposed to the one projected by the Mass Media. I was informed by this attitude throughout the past two years. My lens was turned and available to everything except the perspective watched on tv every night I would get back home.

Photographing the clashes at the Athens city center becomes increasingly dangerous. Violence on the street grows, but in reality it is due to another kind of primordial violence. The rape inflicted on the social and personal grid of our everyday life, politics as the barbarian intruder in the realm of reality and the reverse Media reality as the enemy of truth. The attempt to inform or (counter-inform) takes place within a peculiar framework, and while on the street with a camera in hand, a person keeps their distance from the surrounding action, for better or worse. Between you and the event there is loads of stuff, the lens, the settings and so much more. In other words, one does not ‘live’ what is going on around them. Sometimes I look at some of my frames and wonder whether I ever stood behind that picture. On the other hand, there are those moments which pierce through the protective shield created by the camera. These are most probably the personal stories that have been registered inside, anything that hasn’t been documented on a frame for me to be able to share.

What will I not forget? Perhaps the sense of emergency of such situations. Something of an almost transcendental nature, exactly because it consists of an apparent weakness: when you are inside you don’t get the whole picture and when you find yourself far you have to trust in someone else’s perception of reality to get it. There were times when I took one step back as if a natural phenomenon was standing in front of me, one which a slight detail could alter definitively. All this is contrast-ridden. This is where one bears witness to the worst and best of human expression.

As epilogue, I will not try to be original talking about tomorrow, I will just try to envision my next pictures. What is the way out of the current dead-end? Don’t know. I can’t find unequivocal answers that could treat all. Everything is in motion. I think potentially we could emerge whole from this state of affairs-or maybe wanting. We will have to see. Only thing for sure is that in the aftermath all will be different. History is only linear when narrated.-before, it was a chaos of innumerable eventualities.

* I would like to thank Danae Leivada for here valuable help during the past two years.

– Yiannis Biliris

http://www.greekriots.com/

http://www.yiannisbiliris.com/



http://www.occupiedlondon.org/blog/

Grande-Bretagne : Nouvel outil de surveillance


Selon la presse britannique, la force de police la plus importante de Grande-Bretagne utiliserait une technologie de surveillance clandestine qui est capable de se faire passer pour un réseau de téléphonie mobile, émettant un signal qui permet aux autorités de couper les téléphones à distance, d’intercepter les communications et de rassembler des données au sujet des milliers d’utilisateurs dans une région donnée. Ce système de surveillance a été procuré à la Metropolitan Police par la société Datong qui compte également, entre autres, parmi ses clients, les services secrets américains, le ministère de la défense britannique et plusieurs régimes du Moyen-Orient. Classé strictement secret en vertu d’un protocole gouvernemental en tant que ’Listed X’, il peut émettre un signal sur une zone pouvant aller jusqu’à dix kilomètres carrés, obligeant des centaines de téléphones par minute à donner leurs codes uniques d’identités IMSI et IMEI qui peuvent alors être utilisés pour suivre les mouvements de la personne en temps réel. Le site internet de Datong affirme que ses produits sont conçus pour fournir aux services charger de faire respecter la loi, à l’armée, aux agences de sécurité et aux forces spéciales des moyens pour ’rassembler les premiers renseignements afin d’identifier et d’anticiper la menace avant qu’elle ne soit déployée’. Le système permet aux autorités d’intercepter les messages et les appels téléphoniques en amenant les téléphones portables dans un certain rayon à utiliser un faux réseau, où ils peuvent être soumis au ’rejet de service intelligent’, fonction destinée à couper le téléphone.

Datong propose également un émetteur-récepteur, de la taille d’une valise, qui peut être placé dans un véhicule (ou tout autre endroit fixe) et utilisé à distance par les officiers, ainsi que des émetteur-récepteurs portables clandestins avec ’options d’antenne dissimulée’. Selon certaines sources, la Metropolitan Police aurait acheté du matériel à Dalong pour 143.455 livres (environ 160.000 euros) en 2008-2009, et en 2010, la société aurait rapporté que ses recettes en Grande-Bretagne, entre 2005 et 2010, s’élèveraient à plus de trois millions de livres (près de 3,5 millions d’euros).

http://www.secoursrouge.org/

Allemagne : Incidents en fin de manif contre les hauts loyers


Entre 4000 et 7000 personnes ont participé à Hambourg à la manifestation contre la très forte hausse des loyer dans la ville. Quelques incidents ont émaillés la fin de la manifestation : bouteilles de peinture contre le siège d’un parti politique et limousine incendiée. La police a opéré un kessel (photo).

http://www.secoursrouge.org/