mercoledì 7 settembre 2011

Artículos críticos sobre lo ocurrido en Juan Fernández y la domesticacion mediatica desigual ante ciertas "tragedias".


Este articulo llevaba por nombre "La Noble Tarea de la TV al servicio del Capital: Idiotizacion de Masas o refuerzo de Masas Idiotizadas", pero en la web de los compas de el radical libre encontramos otro articulo junto a este y una forma mejor para enunciar lo que se pretende decir...que no es lo que ellos pusieron, pero se basa en aquello.

http://www.el-radical-libre.blogspot.com/

Artículos críticos sobre lo ocurrido en Juan Fernández y la domesticacion desigual ante ciertas "tragedias".

Algunas ideas necesarias en torno a la cobertura político-mediática y la reacción social desigual frente a determinadas "tragedias".
Capitalismo, Catastrofe y Atontamiento de Masas

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“En el plano de los medios de pensamiento de las poblaciones contemporáneas, la primera causa de decadencia se refiere claramente al hecho de que ningún discurso difundido por medio del espectáculo da opción a respuesta; y la lógica sólo se ha formado socialmente en el diálogo. Cuando se ha extendido el respeto hacia aquel que habla desde el espectáculo, a quien se atribuye importancia, riqueza, prestigio, la autoridad misma, se extiende también entre los espectadores el deseo de ser tan ilógicos como el espectáculo como medio de mostrar un reflejo individual de esa autoridad.(...)” (Guy Debord, Comentarios a la sociedad del espectáculo, 1988).



“Las ideologías y hábitos burgueses que las clases dirigentes de la sociedad imponen mediante su prensa, su cine, su radio, su deporte y sus escuelas…por esa vaga, inerte y asfixiante atmósfera ideológica, sin contenido intelectual, que mantiene sumidas las conciencias en la penumbra de las mentiras interesadas y de las verdades a medias…porque la esclavitud de las masas es ante todo espiritual” (Laín Díez, Una lección del 1º de mayo, 1949).




No hubo duelo nacional por Manuel Gutiérrez. Y al igual que con el caso de Pinochet -cuyos acólitos más fieles no se horrorizaron ante su política sistemática de tortura, ejecución y desaparición de opositores pero sí ante la magnitud de los robos perpetrados-, el general Gordon (pariente cercando del torturador de la dictadura Humberto Gordon) tuvo que renunciar no por la responsabilidad de Carabineros en el asesinato de Manuel, sino que por la denuncia de una irregularidad que, por lo que el mismo ex General Director Alberto Cienfuegos declaró en TV, es bastante usual a esos niveles en dicha institución.

El problema en este caso es que lo pillaron, y la noticia estalló en un momento delicado en que el régimen muestra una gran torpeza en el manejo del arte de gobernar. Así y todo, Hinzpeter hizo pucheros y despidió con grandes golpeteos en la espalda a este general que pasa a engrosar la lista de los siniestrados de dicha institución tan siniestra. No es que nos tomemos en serio las leyes ni la democracia, pero creemos que en una democracia burguesa más seria y menos decadente que esta, el Ministro del Interior también hubiera tenido que renunciar. En fin…

En contraste con el caso de Manuel Gutiérrez, sí tenemos ahora duelo nacional por los 21 muertos de la “tragedia aérea de Juan Fernández”. Toda tragedia es dolorosa, y no seremos nosotros los que mostremos indiferencia o indolencia ante la muerte. De hecho, el dato duro de que el funcionamiento normal de la economía-mundo capitalista causa más de 30.000 muertes al día, en su mayoría de niños, es una de las razones más poderosas para oponerse a dicho sistema como tal. Por lo mismo no deja de llamar la atención el contraste entre ambas situaciones: cuando mataron a Manuel vimos el hecho en las noticias, donde se hablo muy poquito sobre quién era ese adolescente, para centrarse en el “drama” de la institución más respetada por los “chilenos” (es decir, proletarios sin conciencia de clase), y luego de la renuncia de Gordon la noticia quedó completamente eclipsada por los hechos de Juan Fernández. En el sistema burgués de las libertades y derechos proclamados formalmente como iguales para todos, algunas muertes pesan más que otras, y eso es lo que vemos estos días en las pantallas de televisión.

Una razón de fondo para la reacción de masas frente a los hechos del viernes 2 de septiembre radica en que dado que en la sociedad del capitalismo espectacular la gente sobrevive en torno al trabajo asalariado, se compensa dicha falta de vida auténtica contemplando imágenes de la vida vivida por famosos, faranduleros y atontadores profesionales de masas, y de ahí el carácter semidivino que seres por lo demás totalmente banales adquieren una vez que el rebaño se ha acostumbrado a contemplarlos como un elemento que agrega brillo y entretención en sus monótonas vidas cotidianas. Dado que este accidente de aviación golpeó justo en medio de la industria del atontamiento nacional, todos los medios masivos de desinformación hacen ahora una especie de cadena nacional por la beatificación de Camiroaga, Bruce et al.

Mención aparte merece el caso del “empresario ejemplar” Felipe Cubillos: hijo de un fascista feroz, amiguete cercano del Almirante Merino y su entorno de golpistas, y que luego ejerció como Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Pinochet; hermano de la exparlamentaria de la UDI Marcela Cubillos, actual pareja del Ministro de defensa Allamand: otro momio de larga y destacada trayectoria.

Los medios han difundido una carta reciente de Cubillos titulada “Soy un indignado” que debiera estudiarse seriamente en las escuelas de materialismo histórico como ejemplar insuperable de conciencia de clase burguesa. En ella se declara un “indignado”, pero no en contra del sistema capitalista que por más muerte y destrucción que siembre ha tratado tan bien a los suyos, sino que reclama contra el hecho de que mientras él y otros “buenos ciudadanos” se han dedicado a “levantar Chile” construyendo escuelas, miles de estudiantes se encuentren en riesgo de perder el año escolar a causa de las movilizaciones, y muchos de sus amigos empresarios (o “emprendedores” como él los llama) estén en riesgo de tener que cerrar su negocio escolar si se sigue atacando el “lucro”. En este punto su instinto/conciencia de clase no falla: ¿cómo va a seguir lucrando su clase si los estudiantes se niegan a ser formados? ¿en qué va a quedar la economía nacional si uno de sus primeros eslabones interrumpe el circuito normal de socialización/encuadramiento/proletarización? ¡Dios nos libre…!

http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2011/08/30/soy-un-indignado.asp

No es muy original, en cambio, en el reclamo ciudadano más sentido: la denuncia del vandalismo, de los ataques a la policía y la destrucción de comercios y propiedad pública y privada. Pero estas quejas resultan interesantes proviniendo del hijo legítimo de uno de los responsables directos del bombardeo a La Moneda, donde la destrucción fue harto más que “simbólica”, pero como era lo que convenía a los intereses de su clase en ese momento histórico, no hay problema. Por otra parte, sobre el “vandalismo” en las calles su cuñado Allamand tiene mucho que aportar, tal cual lo ha relatado en su libro “No virar izquierda”, publicado en 1974 y del cual algunos extractos han sido difundidos en los medios de contrainformación (ver “Violencia reaccionaria en las calles de Santiago”, http://hommodolars.org/web/spip.php...).

El problema de los ilegalismos cometidos por su propia clase es resuelto en este documento con un mecanismo curioso: Cubillos los llama “seudoempresarios” (“que engañan a la gente, sobre todo a los más pobres, renegociándoles sus condiciones sin ni siquiera preguntarles”). O sea que hay una profunda distinción entre los empresarios buenos (“emprendedores”, como él) y los malos (que en rigor no son empresarios, sino “seudoempresarios”).

Por último, en relación al asesinato de Manuel Gutiérrez por agentes de Estado, Cubillos se preocupa de cortar la responsabilidad en el nivel individual, y amenaza con que de ir más arriba deberíamos llegar hasta a los convocantes de las movilizaciones: “Soy un indignado, porque un joven inocente ha perdido su vida tan sólo por haber estado en el lugar y momento equivocados (mientras escribo esta columna nos acabamos de enterar de que la bala que mató al joven Manuel Gutiérrez salió del arma de un carabinero; ojalá tengamos la mesura para condenar un hecho puntual y no a una institución completa, pues si es así escalemos también hasta los organizadores de las protestas)”.

El país está a punto de canonizar a este sujeto, que tan bien representa la minoría que domina, y que ha sido exitosa en generar emulación, admiración y babosería en amplias masas de la población. Quien no se sume a esa campaña será tratado de resentido, antipatriota, vago, insensible, etc. Por mi parte, creo que la carta estaría mucho mejor titulada si en vez de “soy un indignado” se llamara “soy un momio culeado”, un fiel representante de su clase, que tiene la capacidad de ser menos del 3% de la población y generar pese a ello una admiración nacional gracias a la hegemonía que sabe ejercer y a la fiel ayuda del servilismo idiota de una cuota importante de los dominados.

Sobre el aprovechamiento político y comunicacional del “ÚLTIMO VUELO DEL HALCÓN"

Tomado de MetiendoRuido

http://metiendoruido.com/2011/09/sobre-el-aprovechamiento-politico-y-comunicacional-del-%E2%80%9Cultimo-vuelo-del-halcon%E2%80%9D/#comment-1357

Que los medios de comunicación dominantes son un poder en sí mismos, no es una novedad. Que son funcionales al poder, tampoco. El propio auto reconocimiento de ellos como un “cuarto poder”, no nos debe sorprender. Sin embargo, hay situaciones en las que uno se cuestiona y se hace preguntas.

Nadie condena el hecho de la muerte de una persona, siempre es un hecho lamentable. Pero cabe preguntarse ¿se da la misma cobertura a los naufragios que terminan con la vida de pescadores artesanales todos los años?, ¿Se dio la misma cobertura en los medios de la muerte de Manuel Gutiérrez? ¿Salieron más de 20 páginas en LUN hablando de su muerte y de su vida? Claramente, para la prensa, no tiene la misma importancia la muerte de Felipe Camiroaga, frente a la muerte de Manuel Gutierrez. Si aceptamos que la muerte de una persona es mas importantes que otra, estamos aceptando que la vida de una persona vale más que otra. Y eso es lo que efectivamente está sucediendo. Para los medios de comunicación hegemónicos la vida de algunos vale mas que la de otros.

¿Por qué la de muerte de rostros de televisión y personajes influyentes es más importante que la muerte de un joven de 16 años?

Podríamos decir que existen dos aristas en juego. En primer lugar, vale considerar la condición de clase de los involucrados en el accidente. Por un lado, tenemos la muerte de un joven de sectores populares, de un nivel socioeconómico bajo, en definitiva pobre, por otro, tenemos a gente de niveles socio-económicos altos, pertenecientes a cúpulas de poder y medios de comunicación. La balanza está claramente desequilibrada. Para la actual sociedad, dividida en clases sociales, resulta más importante la vida de quienes tienen una condición socioeconómica mayor.

La segunda arista se puede encontrar por medio de la formulación de la siguiente pregunta. ¿Cuál de los dos hechos es más provechoso políticamente para los poderosos? Sin duda la muerte de Manuel Gutiérrez no agradaba mucho a la clase política chilena. Su muerte restaba legitimidad al actual sistema político y social. El fallecimiento de un niño, a manos de carabineros, en ningún caso es un hecho que pueda ser capitalizado por la clase política. El hecho nos devela un sistema que utiliza la violencia para solucionar los problemas y desigualdades sociales. Nos permite visibilizar el carácter represivo de un Estado que deja que carabineros utilice su fuerza indiscriminadamente contra civiles inocentes. Es un hecho que resta legitimidad al gobierno, que lo obliga a dar explicaciones y les hace perder su preciada estabilidad social, su “paz” como ellos la llaman.

Tampoco conviene a los poderes empresariales que la clase política sea desacreditada, ni deslegitimada, pues es ella la que mantiene, en forma actual, el modelo social que les entrega las grandes ganancias que ostentan, en desmedro de los sectores populares, exactamente del que provenía Manuel. Por consiguiente, tampoco favorece a los medios de comunicación, ya que al verse afectados, la clase política y colateralmente los empresarios, los medios también ven disminuidos sus intereses y ganancias. No debemos olvidar que los medios de comunicación hegemónicos obtienen sus recursos de la publicidad del Estado y las mega empresas. En ningún caso darán cobertura a la muerte de personas que puedan deslegitimar a la clase política y a la empresarial (a menos, claro está, de que exista presión social de por medio).

Ni siquiera se le dio la importancia política de que fue asesinado por carabineros. Institución, que con la complacencia de los medios, se lavó las manos con la renuncia del general en Jefe de carabineros Gordon. La clase política chilena también se lavó las manos, externalizando sus responsabilidades a la institución de carabineros. Ningún político pagará por la muerte del joven Manuel.

Sin embargo, la muerte de una persona, de la cual se puede sacar provecho por parte de la clase política y empresarial si puede ser explotada por los medios de comunicación. La muerte de Camiroaga y el resto de la tripulación entregan varios beneficios al sistema social imperante. En primer lugar, aumenta el rating de los canales de televisión, los cuales juegan con el morbo y la farandulización de la realidad para obtener mayores niveles de sintonía, por otro lado la clase política asume una posición de voceros oficiales y legítimos frente a la muerte de los involucrados en el accidente de Juan Fernández, en termino simple ganan tribuna gratis y adquieren el rol de mediadores entre un accidente y la “pena” de la sociedad. Por último, la muerte de los rostros de televisión y empresarios da espacio para que se posterguen otros hechos noticiosos que no son del agrado de la clase política, un ejemplo claro es el conflicto estudiantil.

Los medios de comunicación prestaron casi nula cobertura a la reunión entre los actores educativos y el gobierno. Reunión masivamente esperada por más de tres meses por amplios sectores de la sociedad. La muerte de Camiroaga y el resto de tripulantes se transformó en la única noticia relevante en el acontecer nacional, desplazando el resto de problemáticas. Esto nos confirma la capacidad que poseen los medios de comunicación hegemónicos para establecer las pautas informativas a nivel nacional. Los amplios sectores de la sociedad tienen que atenerse a la pauta editorial de los medios, los cuales, como acabamos de ver, siguen los intereses de otros grupos sociales como lo son el Estado y las mega empresas, sus principales entes financiadores.

Por último cabe una reflexión moral dentro de la problemática. ¿Cuál muerte es más importante a nivel moral para la sociedad? En el caso de la muerte de los tripulantes del avión, estamos frente a un penoso acontecimiento fortuito, o sea es una acción que se produjo debido a un accidente. Sin embargo la muerte de Manuel Gutiérrez, no responde a un accidente, sino que a un modelo de sociedad. Un modelo que implanta soluciones sociales a través de la violencia. La muerte de Manuel no fue un accidente, más bien responde a decisiones políticas del gobierno. La decisión confrontacional y represiva del gobierno frente a la protesta social es lo que determinó el asesinato de una persona inocente. Frente a los dos sucesos ¿Cuál debería importarnos más como sociedad? Creemos que precisamente aquellos que podemos evitar como colectividad, aquellos que podemos combatir y en el único caso en donde podemos tener incidencia y ejercer presión social para que nunca vuelvan a ocurrir, es decir: el de la muerte de Manuel Gutiérrez.

En un momento álgido de la política nacional, en la que Chile (como tanto les gusta a los chilenos) ha sido reconocido a nivel mundial, los medios más que informar, desinforman. Y más que desinformar, engañan y encubren. La creciente indefensión informativa de la sociedad civil es preocupante. La capacidad de los medios hegemónicos para implantar temas es sorprendente. La situación se produce por la nula soberanía comunicacional que tenemos nosotros y nosotras. Los canales de televisión y los diarios nacionales de mayor popularidad pertenecen a mega-consorcios comunicacionales que tienen una visión común frente a los problemas. Permanentemente fabrican consenso al implantar la falsa idea de que existe libertad de opinión y diversidad en las fuentes de información. Sin embargo la verdad es que la mayoría sigue la misma pauta editorial, supeditada a los intereses de sus dos grandes auspiciadores: El Estado y el Mercado. Nunca debemos confiar en lo dicho por los medios hegemónicos, ya que su accionar no busca la difusión sincera de la información, sino la diseminación de una comunicación que no afecte los intereses de los poderosos.

No nos cansaremos de acusar, en definitiva, al aparato estatal y sus formas políticas e ideológicas de manejar a las personas. Debemos denunciar acá no solo a los medios en forma aislada, como que fueran ellos el único problema, sino a lo que está detrás: un sistema político, social, económico y cultural que nos ataca día a día, que nos engaña día a día, que nos hace ignorantes y sumisos. Que nos hace entristecer o alegrarnos con estupideces, que juega con nuestros sentimientos de manera morbosa y burda. Estamos frente a medios que encubren y respaldan a las instituciones que nos oprimen (policía, Iglesia, Estado, la transnacional, etc). Frente a la realidad descrita resulta importantísimo el empoderamiento comunicacional e informativo de la sociedad civil. La creación de medios de comunicación al servicio de la población es trascendental para romper el cerco informativo y construir comunicación original y critica.

Hace poco tiempo el gobierno ha decretado 2 días de duelo nacional para los muertos en la tragedia de la isla Juan Fernández. Sin embargo, para Manuel Gutierrez, Claudia Lopez, Rodrigo Cisternas, Daniel Menco, Matias Catrileo y los tantos que han muerto a manos de carabineros no hubo duelo nacional. No nos queda más que llevar sus muertes en nuestra memoria, ya que ninguna ceremonia institucional los recordara y sus muertes solo quedaran como una cifra amarga en esta supuesta democracia.

Escrito por algunos estudiantes de la toma del departamento de Historia de la Universidad de Concepción

http://hommodolars.org/web/spip.php?article4180

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