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lunedì 26 dicembre 2011

Los Cinco de Vancouver: Lucha armada en Canadá


Relacionar el anarquismo con actos deliberados de violencia puede que sea visto como algo muy natural para la mayoría de gente si se piensa acerca del anarquismo en su conjunto. Pero para la mayoría de jóvenes anarquistas, debe ser difícil de imaginar que a principios de los años 80, la lucha armada en Canadá no solo parecía posible, sino que un pequeño grupo procedente de la comunidad anarquista de Vancouver se comprometió con ella. Además, había un pequeño pero significante apoyo para estas tres acciones.

Con el nombre de Direct Action y Wimmen’s Fire Brigade, ellos nunca se reivindicaron explícitamente como anarquistas. Por esa razón tampoco lo hicieron sus simpatizantes. Aunque nunca negamos que lo fuésemos. Nuestro anarquismo se desarrollaba más en la práctica política que en la teoría y la historia. En este debate, la palabra “nosotros” debe estar referida al pequeño entorno de donde salieron los Cinco de Vancouver. Solo aquellos cinco decidieron seguir sus ideas a través de una conclusión lógica y pasar a la clandestinidad. Otros también estuvieron influenciados por evoluciones similares en distintos lugares, y compartieron el deseo de agitar Canadá políticamente.

El contexto político para Direct Action era internacional. Entre mediados, finales de los años 70 y principios de la década de los 80 la Fracción del Ejercito Rojo (Rotte Arme Fraktion,RAF) en Alemania y las Brigadas Rojas en Italia eran las agrupaciones de guerrilla más grandes dentro de toda la variedad de grupos en Europa. La insurrección en Europa parecía posible a pesar del enorme nivel de represión dirigido contra estes militantes que asesinaban y secuestraban políticos y ejecutivos. Los periódicos anarquistas canadienses como Open Road, Bulldozer y Resistance se hacían eco en Norteamérica de estas luchas.

La lucha armada también copaba a menudo la agenda en los Estados Unidos. La idea popular es que la lucha política terminó al principio de los años 70 tras el final de la guerra de Vietnam. Pero incluso si los grupos contra la guerra, y otros movimientos se habían retirado, vestigios de los grupos más militantes se habían pasado a la clandestinidad para proseguir la lucha contra el sistema. En la Coste Este, el Black Liberation Army (Ejercito de Liberación Negra) , formado en el momento en que los Black Panthers (Panteras Negras) se pasan a la clandestinidad tras haber aprendido la lección de la intensa y mortal represión que se dirigió en su contra, estuvo activo hasta el año 1981. El United Freedom Front (Frente Unido de Liberación) y el Armed Resistance Movement (Movimiento de Resistencia Armada) estuvieron activos hasta comienzos del año 1980, atentado contra edificios del gobierno para protestar contra la participación militar americana en América Central y atacando objetivos corporativos para protestar contra su participación en Sudáfrica.

En la Costa Oeste, grupos como el Symbionese Liberation Army (Ejercito Simbiótico de Liberación) y el New World Liberation Front (Frente de Liberación del Nuevo Mundo) asaltaron bancos, colocaron bombas y secuestraron a Patty Hearst, una adinerada heredera. Estos grupos eran políticamente dudosos y desde luego no eran antiautoritarios. Muchos radicales creían que estaban considerablemente infiltrados por la policía. A pesar de todo contribuyeron al juicio que planteaba que las acciones armadas podían ser efectivas ya que tuvieron su impacto.

También había muchos grupos autónomos pequeños, algunos de los cuales eran explícitamente anarquistas o antiautoritarios, que estuvieron activos hasta el final de la década. Bill Dune y Larry Giddins, por ejemplo, son dos anarquistas que continúan encarcelados en los Estados Unidos hoy en día por acciones que tuvieron lugar en aquella época. Bill y Larry fueron arrestados en octubre de 1979 tras un tiroteo por las calles de Seattle cuando intentaban sacar a un amigo de la cárcel.

El más conocido de estos grupos de la Costa Oeste era la George Jackson Brigade (Brigada George Jackson) que estaba formada por anarquistas y marxistas. Cometieron una serie de acciones en la zona de Seattle a finales de los 70, a menudo en apoyo al movimiento de los presos el cual era bastante fuerte por aquellos años. La GJB era antiautoritaria, pro-mujeres, pro-gays y lesbianas y defendía lo colectivo, a diferencia de los partidos políticos. Incluso aunque todos estes grupos fueran finalmente machacados, llegaron a ofrecer una alternativa política a organizar manifestaciones y publicar periódicos.

Open Road en Vancouver, Bulldozer en Toronto, y Resistance, que empezó en Toronto y luego se mudo a Vancouver, cubrieron la resistencia armada en los Estados Unidos y la posterior represión. Esta cobertura jugo un papel más importante cuando sus simpatizantes en Estados Unidos estaban disolviéndose, y la izquierda mayoritaria intentó distanciarse de ellos tanto como pudo. Nosotros publicamos comunicados explicando las acciones. Les proporcionamos coberturas de apoyo en sus juicios y les ofrecíamos salidas para los escritos de los combatientes que habían sido capturados. La revolución, o como mínimo una lucha prolongada, parecía algo totalmente posible. Los Cinco eran en su mayor parte producto de la ola de lucha armada en Norteamérica, y parte de la maquinaria política antibelicista del creciente movimiento anti-OTAN. Nuestra perspectiva era bastante internacionalista incluso aunque entendiésemos que debíamos trabajar dentro de nuestras situaciones locales y nacionales.

En la primavera de 1982 una bomba destruyo la casi completa subestación hidráulica de Cheekeye-Dunsmuir. Esta construcción contó con una fuerte oposición de los residentes locales en el terreno medioambiental. Se pensaba que conduciría a la industrialización de la Isla de Vancouver y a la construcción de plantas de energía nuclear para exportar las ganancias a los Estados Unidos. Cientos de kilos de dinamita pusieron fin a ese plan en medio de su proceso.

Hubo bastante apoyo local para la acción. No estaba claro si Direct Action, que había reivindicado la acción, era un grupo anarquista o no, pero no habría supuesto ninguna diferencia en el sentido de la misma.

La acción había incrementado las apuestas políticas en Canadá. Pero como el atentado había tenido lugar en un parque natural, fue fácil de ignorar. La siguiente acción no lo sería.

A última hora de la tarde del 14 de octubre de 1982, un camión hizo explosión en el exterior de las plantas de la Industria Litton en Rexdale, en la zona del noroeste de Toronto, con el resultado de millones de dólares en daños. Siete trabajadores resultaron heridos, uno de por vida. Después de unos pocos días, Direct Action emitió un comunicado, reclamando su responsabilidad. Como pieza política, el comunicado es tan relevante hoy en día como lo fue en 1982, la única diferencia sería que la Guerra Fría ha terminado. Lo más importante del mismo es la autocrítica que se hacen por haber visto a los policías y los guardias de seguridad como superhéroes. No lo eran. Los errores que cometió Direct Action se agravaron por la inadecuada respuesta tanto de las guardias como de los policías.

El atentado era bastante simple: conducir una camioneta robada cargada con dinamita a través de los portales frontales de Litton y aparcarla en frente del edificio, abandonarla y en 35 minutos la camioneta haría explosión. Para asegurar que la amenaza de bomba fuese tomada en serio, condujeron la camioneta correctamente en frente de la cabina acristalada de los guardias de seguridad. Pero los guardias no se dieron cuenta de la presencia de la camioneta aunque incluso desde la posición del conductor de la misma se podía ver de forma clara a los guardias. Entonces, la llamada de advertencia no fue comprendida. Pero por lo menos atrajo la atención de los guardias hacia la camioneta. Desgraciadamente, Direct Action eran un poco más inteligentes. Habían colocado una caja pintada de naranja fluorescente en el exterior de la camioneta, fácilmente visible desde la cabina de los guardias. Encima de la caja colocaron una hoja de papel con información e instrucciones. Esperaban que los guardias se dirigiesen hacía la caja una vez hubiesen recibido la llamada. Para enfatizar la seriedad de la situación colocaron un cartucho de dinamita desarmado encima de la caja. Otro error. Los guardias de seguridad se mantuvieron alejados de la caja, dado que no sabían que la dinamita estaba desarmada. A pesar de la evidente amenaza, los guardias de seguridad no comenzaron a evacuar la planta hasta veinte minutos después de haber recibido la llamada de advertencia. Luego la bomba estalló antes de lo previsto, probablemente activada por las señales de radio de los coches de policía que estaban llegando a la zona.

El atentado tuvo lugar en una época en la que la guerra fría entre los Estados Unidos y la URSS era bastante intensa. Ronald Reegan, representando al sector de la clase dirigente americana que estaba empeñado en hacer de los Estados Unidos el llamado imperio malvado, había sido elegido presidente. Ambos bandos estaban intentando hacer realidad los primeros pasos de la capacidad nuclear a través de la fabricación de nuevas armas como los misiles de crucero, los misiles pershing, submarinos con capacidad nuclear y la bomba de neutrones. La posibilidad de una guerra nuclear era bastante real por aquel entonces.

En respuesta, se desarrollo un movimiento pacifista en Europa, Norteamérica y otros lugares. El consentimiento de Canadá a los Estados Unidos para probar los misiles de crucero sobre el norte de Alberta y en los Territorios del Noroeste fue visto como una ofensa hacia los activistas por la paz. Litton se había convertido en el foco de las amplias protestas de los grupos pacifistas desde que se dedicó a producir el sistema de orientación para los misiles. Se habían llevado a cabo una serie de protestas pacíficas en Litton que tuvieron como resultado el arresto de decenas de manifestantes por desobediencia civil. Pero como en el caso de Cheekeye-Dunsmuir, las protestas no estaban llegando a ninguna parte.

La reacción inicial de muchos radicales y activistas al leer los titulares de los periódicos fue de júbilo. Pero esto cambio tras una reflexión sobria cuando se consideraron detenidamente las implicaciones. El atentado no era solo un desafió al Estado militarizado, sino también a la coexistencia pacífica que muchos activistas tenían con el sistema. Esta claro de que incluso con los heridos, no hubo muchas reacciones por parte del ciudadano medio. Para la mayoría de la gente el atentado era solo otro acontecimiento espectacular mas en un mundo que se estaba volviendo loco.

Naturalmente, para anarquistas y pacifistas fue un acontecimiento importante. El periódico anarco-comunista Strike! de Toronto condenó inicialmente la acción debido a que desacreditaría al movimiento. Repetía la crítica habitual de que ese tipo de acciones no podrían hacer nada por si mismas. Direct Action nunca afirmaron que así fuese. Por citar el comunicado “Así como no tenemos ningún tipo de ilusión de que acciones directas, como esta, puedan por si mismas dar lugar al fin del papel de Canadá como recurso económico y militar del Imperialismo Occidental, si que creemos que las acciones directas militantes pueden tener una función constructiva como trampolín al tipo de conciencia y organización que debe ser desarrollada si pretendemos vencer a los amos nucleares.”

Una crítica más sofisticada fue publicada anónimamente por anarquistas que provenían del entorno de Kick It Over. Se quejaban de que “el atentado en Litton no se puede decir que haya incrementado la propia actividad ni de la comunidad ni de los trabajadores en la planta”. Esta bien, aunque se puede utilizar el mismo argumento a cerca de publicar periódicos y de la mayoría de actividades que solemos hacer. Estos anarquistas no condenaron a Direct Action por ser violentos, más bien situaron la violencia en el contexto de la violencia estatal. Aunque erróneamente etiquetaron el atentado como “Terror vanguardista”, estuvieron en lo cierto al decir que “las organizaciones clandestinas tienden a aislarse del pueblo” y ver convertirse su propia existencia en un objetivo en si mismo. De nuevo, este problema no lo tienen únicamente los grupos clandestinos.

A principios de noviembre, menos de un mes después del atentado, el Toronto Globe and Mail publicó un importante artículo en primera plana relacionando el atentado de Litton con la comunidad anarquista de Vancouver. Citaba a anarquistas no identificados que trazaban las similitudes entre las políticas de Direct Action y la escena anarquista de Vancouver. En un posterior, y más compresivo, artículo otros anarquistas proporcionaron alguna información de fondo como por ejemplo cual podría ser el propósito del atentado, sin reivindicar de forma explicita que se trataba de una acción anarquista. Este artículo fue condenado por muchos anarquistas en Toronto pero ayudó a hacer llegar las ideas al conjunto de la sociedad.

A mediados de diciembre, los locales de los principales grupos pacifistas de Toronto fueron objeto de redadas así como también los hogares de sus miembros más importantes. Activistas de Toronto y Peterborough fueron buscados, hostigados y amenazados por la policía. Nunca ha estado claro en gran medida si la policía pensaba que estos pacifistas eran realmente sospechosos o si las redadas simplemente se usaban para interrumpir el desarrollo de su trabajo contra Litton. Algunos pacifistas trataron de poner tanta distancia como les fue posible entre ellos y las personas que cometieron los atentados. Pero hubo suficiente apoyo de otros pacifistas para demostrar que no era necesario llevar a cabo una ruptura total entre militantes, por lo que su posición giro simplemente a cerca del uso de la violencia. La manifestación más grande que jamás tuvo lugar contra Litton se produjo el 11 de noviembre de 1982, menos de un mes después del atentado. Como dijimos en su momento, las acciones armadas pueden hacer más visibles otras formas de protesta, en vez de menos creíbles.

Litton perdió un contrato importante poco después del atentado. Como declaro su presidente, Ronald Keating, “Ellos (los manifestantes) son un fastidio, tuvieron bastante publicidad, y los americanos leyeron cada maldito pedazo de ella. La presión de esta gente ha hecho que los americanos se lo pensasen dos veces” Añadió tristemente también que “nadie más ha sufrido atentados”.

En Vancouver, se había producido una pequeña respuesta a Cheekeye-Dunsmuir. Pero a principios de noviembre, la situación se había vuelto más intensa por el ataque con bombas incendiarias a tres tiendas de Red Hot Video, dañando seriamente dos de las mismas. La Wimmen’s Fire Brigade había decidido hacer literal el nombre de esta cadena especializada en pornografía violenta. El ataque se produjo justo cuando la industria del video se estaba lanzando. Red Hot Video, una cadena americana, construyó un inventario de cintas de video que habían sido pirateadas de películas porno hardcore. Según OpenRoad “muchas de las películas presentaban no solo escenas de sexo explicito, sino también a mujeres siendo amordazas, golpeadas, violadas, torturadas, forzadas a provocarse enemas por intrusos armados y otras formas de degradación”.

Colectivos de mujeres habían luchado contra Red Hot Video durante seis meses, pero no obtuvieron ninguna respuesta del Estado. Durante unas pocas semanas, decenas de colectivos de mujeres de toda índole publicaron comunicados de simpatía y comprensión por la acción, se convocaron manifestaciones en una docena de centros a través de la provincia, y seis tiendas de pornografía fueron cerradas, trasladadas o retiraron mucho de su material por miedo a ser el próximo objetivo. Durante dos meses las primeras acusaciones se produjeron por combinar sexo explicito y violencia.

La razón de que la acción de la Wimmen’s Fire Brigade tuviera tanto éxito no fue simplemente por la táctica empleada, sino por el hecho de que estuvo bastante bien integrada, siendo complementaria, dentro de la campaña pública. Tal como expresaba B. C. Blackout , un boletín bisemanal autónomo, “la acción de WFB solo pudo tener el impacto que tuvo debido a los meses de duro trabajo que llevaron a cabo numerosos grupos e individualidades mediante la autoformación, investigando, haciendo contactos, presionando a las autoridades, documentado sus casos – en definitiva, construyendo la infraestructura para un movimiento honrado, efectivo y de base. Así se explica el porque los grupos de mujeres fueron capaces de moverse tan rápido y coherentemente al tratar con el interés de los medios de comunicación y del público por los hechos y los comentarios tras los atentados”.

El 20 de enero de 1983 cerca de Squamish (British Columbia, Canada) los Cinco regresaban a Vancouver después de realizar prácticas de tiro en las montañas. Los policías, disfrazados como trabajadores del Departamento de Circulación, pararon su camioneta y en un ataque violento los sacaron de la misma y los arrestaron a punta de pistola. Se les acusaba de 12 a 15 cargos, incluyendo Red Hot Video, Cheekeye-Dunsmuir, conspiración para robar un furgón de Brink, así como también de conspiración para cometer más atentados. Inmediatamente después de los arrestos, la policía convocó una rueda de prensa en la cual exponían el amplio armamento que según ellos se había confiscado a los Cinco. Este fue el comienzo de lo que se conocería como el “Juicio de los medios de comunicación”, por la manera en que la policía y la acusación usaron los medios de comunicación para tratar de contaminar a la opinión pública no solo contra los Cinco, sino también contra el movimiento anarquista en general. Los titulares de los periódicos vociferaban a cerca de “la policía atrapando terroristas” y “las conexiones nacionales de las células anarquistas”. La policía llevo a cabo redadas en cuatro hogares de Vancouver la mañana siguiente a la celebración la primera reunión del grupo de apoyo. No se efectuó ningún arresto, pero se confiscaron máquinas de escribir y se produjeron abusos verbales.

La historia oficial de la policía sostenía que los avances en el caso se produjeron cuando un reportero del Globe and Mail mostró periódicos anarquistas a la policía de Toronto, la cual, al observar el comunicado de Cheekeye-Dunsmuir en Resistence, envió la dirección del apartado postal a Vancouver. Los policías, teóricamente, pusieron la dirección bajo vigilancia y finalmente fueron capaces de localizar a los Cinco a través de una serie de contactos. La historia resulto tan convincente que el periodista recibió una substanciosa recompensa antes de hablar de ello con amigos de principios y más conscientes.

Esta historia fue una tapadera para ocultar que la policía ya tenía constancia de la existencia de los cinco. Estuvieron bajo vigilancia policial por una razón o por otra desde mucho tiempo antes de la primera acción. Brent Taylor y Ann Hansen, particularmente, eran bastante conocidos en Vancouver. Un policía no necesitaba ser demasiado inteligente para considerarlos como posibles sospechosos. Muchos activistas que ni siquiera los conocían sospechaban que probablemente tenían algo que ver con Direct Action. Eran los únicos que iban regularmente enmascarados a las manifestaciones, pareciendo más preparados para una protesta en Alemania que en Vancouver.

Es bastante probable que la policía los hubiese visto llevando a cabo las acciones contra Red Hot Video. Esto gano bastante relevancia en el juicio. La policía de Vancouver obtuvo la orden judicial para pinchar sus teléfonos y poner micrófonos en sus casas con el fin de investigar el caso de Red Hot Video. Las órdenes judiciales se supone que solo pueden ser expedidas como último recurso cuando el resto de medios para la investigación no han funcionado, pero en este caso fueron expedidas poco después del ataque. Además, eran innecesarias si la policía ya sabía quien había participado en los ataques. El servicio de seguridad de la Policía Montada de Canadá (RCMP) los había observado cometer otros crímenes y los tenía bajo observación en la época del ataque a Red Hot Video, pero no existía ninguna nota de vigilancia cubriendo el periodo del ataque actual.

Se asumió que realmente la policía necesitaba pinchar los teléfonos para conectar a los cinco con Litton, para lo cual sería mucho más difícil pedir una orden judicial legal. Las pruebas obtenidas a través de estas escuchas proporcionaron la mayor parte del caso contra los Cinco, lo cual explica el porque la primera parte del juicio se enfrento con su propia legalidad.

El 13 de junio de 1983 se produjo una redada de la brigada local de Litton en la sede de Bulldozer. La orden judicial - que incluía cargos por sabotajes en Litton, calumnias insurrectas y practicar un aborto – permitía específicamente a la policía confiscar cualquier cosa relacionada con la publicación bulldozer. Se llevaron planos, cartas, artículos, revistas y la lista de subscriptores. Finalmente conseguimos recuperar todo este material después de un año de lucha legal.

El cargo de calumnias insurrectas aparentemente hacia referencia a un folleto titulado “Paz, paranoia y política” que dibujaba las políticas alrededor del atentado de Litton, el movimiento pacifista y la detención de los Cinco. Calumnia Insurrecta teóricamente implica hacer un llamamiento a un levantamiento armado contra el Estado; La última vez que el cargo había sido utilizado fue durante el año 1950 contra algunos sindicalistas en Québec. Nuestros abogados se anticiparon con avidez defendiéndonos de este cargo, y al final no se volvió a hablar del tema.

El cargo de practicar un aborto surgió cuando una matrona, Colleen Crosby, llevó a cabo una presunta extracción menstrual a una persona del colectivo Bulldozer. El hecho llamó la atención de los policías a través de las intervenciones telefónicas. La policía detuvo a Crosby una semana más tarde y la llevaron en coche durante varias horas, amenazando de acusarla de practicar un aborto salvo que les hablase sobre cualquier conexión entre Bulldozer y el atentado de Litton. Crosby de cualquier manera rechazaría cooperar, aunque tampoco tenía ninguna información que dar. Se tardaron dos años y miles de dólares en honorarios jurídicos en conseguir retirar los cargos.

El punto débil de nuestras políticas - la de los Cinco y sus simpatizantes – se hizo evidente durante el juicio y el trabajo de apoyo que hicimos alrededor del mismo. Los Cinco asumieron que acabarían cayendo bajo una ráfaga de balas, aunque en vez de la relativa gloria de una muerte espectacular se tuvieron que enfrentar con una realidad más prosaica al tener que sentarse a esperar el juicio en prisión. La carencia de una preparación, tanto política como personal, para las consecuencias casi inevitables de sus acciones se agravó con la falta de preparación de sus simpatizantes. Es fácil reimprimir comunicados de los compañeros en la clandestinidad, pero es mucho más difícil manejarse con redadas y abogados, acosos, y mirar a amigos y compañeros distanciarse justo cuando el apoyo y el trabajo se hacen más necesarios que nunca. Uno debe de ser capaz de soportar el alto estrés político durante lo que podrían ser un par de años, mientras desarrollas políticas que puede que no sean apoyadas por ninguno de tus amigos ni socios políticos, y mucho menos por la sociedad en su conjunto. Aun así, un apoyo competente y con principios es crucial si las acciones en la clandestinidad van a tener cualquier tipo de impacto duradero. La comunidad en Vancouver fue capaz de mantener una presencia dentro y fuera del tribunal durante el juicio a pesar de las diferencias que se daban en torno a la estrategia que utilizar para apoyarlos. En Toronto, fuimos capaces de mantener las ideas en circulación, pero tuvo poco impacto social.

Durante la confusión inicial, el derecho a un juicio justo se convirtió en la demanda principal. Desde que pareció posible que las escuchas que proporcionaron el grueso de las pruebas pudiesen ser rechazadas, el recorrido estrictamente legal fue difícil de soportar sin una claridad política previa que se plantease como se debían conducir los juicios. De cualquier manera, el derecho a un juicio justo no debe ser ignorado si la batalla va a ser librada en el terreno legal, pero es el campo de batalla del Estado, y su primera arma será la criminalización. La fiscalía del Estado separó la acusación en cuatro juicios, el primero de ellos trataría sobre los cargos políticos menos importantes, delitos a mano armada y conspiración para robar un furgón de Brink. Mientras que para algunas personas con cierta comprensión política podía ser obvio el porque las guerrillas necesitan armas y dinero, las imágenes de televisión de un escritorio lleno de armas, e informes de planes para asaltar un furgón de Brink, fueron mostrados concienzudamente para desmontar la reivindicación de que los Cinco eran principalmente activistas políticos. La lucha por un juicio justo atrajo el apoyo de activistas, periodistas progresistas y abogados y activistas por los derechos humanos. Pero se podían crear verdaderos problemas si el juicio se mostrase legalmente como “justo”. O cuando, como sucedió finalmente, los Cinco se declarasen culpables. Algunas personas que nos dieron su apoyo se sintieron manipuladas al haber dado su apoyo a gente culpable, incluso a pesar de que intentamos ser claros al exponer que existe una diferencia en declararse no culpable y ser inocente.

La estrategia del “Juicio de los medios de comunicación” se vino abajo cuando el tribunal dictamino que las pruebas obtenidas mediante las escuchas eran admisibles. El primer juicio por las armas y la conspiración para robar un furgón de Brink comenzó en enero de 1984. Las pruebas de los primeros cuatro meses principalmente se basaron en la época de vigilancia previa a los arrestos. En marzo, Julie Belmas y Gerry Hannah presentaron sus alegatos de culpabilidad, Red Hot Video inclusive, y para Julie, el atentado de Litton. En abril, Doug Stewart fue absuelto de los cargos de Brink pero fue declarado culpable por delito a mano armada. En junio, se declaró culpable de Cheekeye-Dunsmuir. El jurado declaró culpables a Ann y Brent por todos los cargos del primer juicio. En junio, mediante un movimiento sorpresa, Ann se declaró culpable de Cheekeye-Dunsmuir y Litton.

Trajeron a Brent a Toronto para un juicio sobre Litton y finalmente se declaró culpable. Reconociendo nuestra propia debilidad, le dijimos que poco se podía conseguir políticamente en Toronto si el juicio seguía adelante. En nuestro relativo aislamiento era difícil imaginarnos asumiendo lo que hubiese tenido que ser un esfuerzo importante al presentar las políticas que había detrás del atentando a través de unos medios de comunicación hostiles. Sin embargo no hacerlo significaba que nunca existía un enfoque a largo plazo ni tampoco un sentido de dirección para aquellos que puede que estuviesen dispuestos a presentarse con un apoyo más activo. No era nuestro mayor momento de gloria.

Para resumir esta parte, dejadme que cite la declaración de la sentencia de Ann, “Cuando fui arrestada al principio, fui intimidada y cercada por el tribunal y las prisiones. Este miedo me proporciono la base para creer que si participaba en el juego legal, podría conseguir mi absolución o una reducción de condena. Este miedo oscureció mi visión y me engaño al pensar que el sistema judicial podría darme una oportunidad. Pero estos seis meses en los tribunales agudizaron mis percepciones y fortalecieron mis convicciones políticas al ver que el juego legal esta amañado y a los presos políticos les han repartido cartas marcadas”.

Doug Stewart fue sentenciado a seis años, y cumplió un máximo de cuatro. Gerry Hannah a diez años, pero quedo libre a los cinco. Julie, con solo veintiún años en el momento de la sentencia, a veinte años. Apeló y se la reducieron cinco años cuando se puso en contra de Ann y Brent, saboteando eficazmente sus apelaciones. Mucha gente se cabreó bastante con esta traición de Julie, pero su testimonio no fue la razón por la que Ann y Brent fueron condenados. Si Julie realmente quisiese hacer un trato podría haber implicado a otra gente mintiendo. Pero no hizo esto.

Brent fue condenado a veintidós años y Ann a cadena perpetua. Las sentencias, especialmente las de Ann y Brent, se consideraron excesivamente duras. Pero el Estado quería sofocar cualquier incipiente actividad guerrillera. El sistema penitenciario, sin embargo, es el que realmente determina cuanto tiempo tiene que pasar la gente condenada. Ann y Brent salieron a la calle antes de ocho años. En comparación a lo sucedido con otras guerrillas americanas, fue algo casi indulgente.

Doug Stewart escribió en Open Road tras su condena que el tamaño de las bombas fue problemático. Sugería que los ataques de nivel medio como incendios y sabotajes mecánicos eran más fáciles de realizar que los atentados, observando que las acciones a gran escala demandan pasarse a la clandestinidad. Direct Action entendieron que debían romper el contacto con otra gente política; que para actuar en una ciudad, debían vivir en otra. Pero esto requería enormes sacrificios personales y emocionales. Cortar completamente todo vinculo con amigos y amantes fue el error que dejo el rastro para la policía local. Las acciones pequeñas son técnicamente simples y permiten, como decía Stewart “a un grupo juntarse fácil y rápidamente alrededor de una cuestión en concreto”. Las actividades de nivel medio también “tienen un impacto de menor intensidad en la vida personal de uno. Si no estas en la clandestinidad, estas menos aislado emocionalmente, y el nivel de estrés en conjunto es mucho mas bajo. Ser detenido por una acción de nivel medio sería algo mucho menos devastador en todos los sentidos. Una condena de dos o tres años no es ningún chiste, pero es sustancialmente más fácil enfrentarse a eso que a una de diez o veinte años”.

Para resumir, permitidme que cite un artículo que apareció en el Prison News Service diez años después de lo de Litton:

“Se hace patente que acciones políticas como las de estes atentados, propaganda por el hecho, como son conocidas, no son comprendidas en una sociedad no política. Incluso aunque unas pocas personas comprendiesen las motivaciones que se esconden tras el ataque, el lado positivo es que tampoco tiene por que haber necesariamente una importante reacción en contra. Es un error pensar que algo como el atentado de Litton podría convertirse en una llamada que despertase a la gente y las motivase a hacer algo contra la situación crítica con la que se enfrentan. Pero explicado apropiadamente puede marcar la diferencia para aquellas personas que ya están concienciadas de la situación y que están frustradas con otros métodos de lucha.”

“Las acciones de guerrilla no son un fin en si mismas; Eso es, una acción en singular, o incluso una serie coordinada de acciones, tienen poca probabilidad de conseguir algo más que un objetivo inmediato. Tales acciones son problemáticas si se asume que pueden llegar a substituir al trabajo político no clandestino. Pero si se pudiesen situar dentro del trabajo político en su conjunto, una táctica más entre tantas, entonces podrían aportar al movimiento más espacio con el que maniobrar, haciéndolos a ambos más visibles y creíbles. Al mismo tiempo, se daría a los activistas un impulso psicológico, una sensación de victoria, a pesar de lo efímero, de modo que pudiesen emprender su propio trabajo político con un entusiasmo renovado…”

“Para la mayoría de activistas americanos, la lucha armada se reduce a una cuestión moral: ‘¿Deberían o no deberían usarse medios violentos para avanzar en la lucha?’ Aunque esto es relevante a un nivel personal, solo crea confusión alrededor de lo que realmente es una cuestión política. La mayoría de los radicales, en este momento de la historia, no se van a involucrar directamente en ataques armados. Pero tal como se desarrollan los movimientos de resistencia en Norteamérica es inevitable que algunos lleguen a asumir acciones armadas. La cuestión se enfocaría sobre si estas acciones armadas serían aceptadas como parte del espectro de actividades necesarias. Mucho dependería de si la gente estuviera sufriendo agresiones o amenazas. Lejos de ser “terrorista”, la historia de la lucha armada en Norteamérica muestra que la guerrilla fue lo bastante cuidadosa al seleccionar sus objetivos. Existe una diferencia importante entre atentar contra objetivos militares o corporaciones, o incluso asesinar a policías en respuesta a su uso de la violencia, y colocar bombas en calles multitudinarias. La izquierda en Norteamérica nunca ha llevado a cabo actos aleatorios de terror contra la población en su conjunto. Denunciar a cualquiera que hubiese elegido actuar fuera de los restrictivos y definidos límites de la “protesta pacífica” a fin de aparentar una moralidad superior, o para teóricamente evitar a la población alienada, es otorgarle al Estado el derecho de determinar cuales son los limites permitidos de la protesta”.

La represión es más efectiva cuando es capaz de evitar que las ideas radicales sean transmitidas a una nueva generación de activistas. Si las ideas pueden ser transmitidas, entonces la nueva ola de activistas desarrollará sus políticas desde la base que ya había sido creada. Afortunadamente, un entorno relativamente pequeño pero muy activo de jóvenes activistas adoptó muchas de las políticas alrededor de Direct Action y las desarrollaron a través de proyectos como Reality Now, Anarchist Black Cross y Ecomedia. Su trabajo en movimientos como el pacifista, el punk o el de apoyo a los indígenas ayudó a asegurar que aquellas políticas no murieran cuando los Cinco entraron en prisión.

Jim Campbell

Este texto, transcrito de una charla de Jim Campbell en Toronto, fue editado como folleto en lengua inglesa en varias ocasiones desde el año 2000.




http://translatetherevolt.blogspot.com/2009/05/blog-post.html

venerdì 28 ottobre 2011

Interview avec Ann Hansen (Vancouver 5)


Eté 1984

- Après coup, vous êtes vous sentis frustrés de n'avoir pas été capables de mettre en place une attitude politique unifiée lors de vos arrestations ?

Non, pas frustrés. Nous ne pouvions l'être parce que chacun de nous étaient dans une situation un peu unique.

Il y avait plusieurs accusations, quelques uns étaient innocents au niveau juridique, d'autres ne l'étaient pas..

Tu dois à tout moment être capable de juger si il est pire d'adopter une attitude de totale non-collaboration ou d'accepter le système légal.

Tu ne dois à personne d'être puni pour des choses que tu n'as pas nécessairement estimé injustes.

Si tu peux éviter d'aller en prison en acceptant leur système, alors, je pense qu'il faut le faire. Tu es plus utile dehors qu'en prison.

D'un autre côté, si la chance de gagner quelque chose en acceptant leur légalité est quasiment inexistante, là, je pense qu'il est très dégradant et dépolitisant de sacrifier ton identité politique en te soumettant.

Il n'y a pas de réponse toute faite pour savoir s'il faut ou non négocier avec la justice. Chaque situation est différente.

- Certaines sphères du mouvement politique sont restées distantes et ont émis des critiques à ton égard. Elles portaient sur la nature isolée des actions et leur apparent mépris des besoins d'élargissement du mouvement. Qu'en penses-tu ?

Nous n'avons jamais eu une attitude de mépris total en ce qui concerne la construction du mouvement.

Ce parcours, nous l'avons vu.

Tu ne romps pas du jour au lendemain avec un mouvement militant sans avoir eu, auparavant, un certain type d'activités militantes. Nous n'avons jamais jugé nos opérations en opposition au mouvement légal, et nous avons pris en compte ce dernier lorsque nous avons réalisé les actions.

Pour nous, la seule façon de changer le système est de développer un puissant mouvement de résistance.

Mais il devrait avoir un aspect-plus militant, ça n'arrivera pas subitement.

Il y a une dialectique dans toute société, tout pays, qui entraîne l'action des gens, la discussion, l'apparition de multitudes d'actions, en dehors de l'évolution linéaire des choses. Je ne pense pas qu'on a le droit de dire : « Nous ne ferons rien d'illégal tant que les masses ne le feront pas. »

Qu'allons-nous faire, attendre la manchette du jour qui dit que 300 000 travailleurs ont détruit l'Hydro...

Comme si, soudainement, du néant, 300 000 personnes étaient sorties en courant pour mettre en miettes les mégaprojets.

Je pense que c'est une vision très idéaliste des actions à faire et de ce qui pourrait faire avancer l'histoire.

Je ne pense pas que nous soyons nécessairement parfaits et si je dois critiquer ce que nous avons fait, je dirais que si les gens doivent faire des actions illégales, ils peuvent faire des choses qui n'entraînent pas forcément l'usage d'explosifs ou d'armes parce que chacune de ces deux choses-impliqué que vous êtes prêts à aller en prison ou à trouver la mort.

- Comment avez-vous pris la décision de sélectionner certaines cibles ?

Bon, nous avons pris en considération le mouvement légal. Nous ne sommes pas sortis frénétiquement faire sauter des choses au hasard.

Nous avions une analyse politique qui intégrait différentes questions.

La première action contre Cheeckye Dunsmuir fut choisie parce que nous avions analysé qu'au Canada le développement des mégaprojets et de l'extraction de ressources était la tendance économique du futur et deviendrait un des remparts réels de notre économie. Nous avons choisi Cheeckye Dunsmuir pour différentes raisons.

D'abord c'était un projet contre lequel la lutte légale avait échoué et ne put longtemps être efficace. De même pour Litton et le Red Hot Vidéo.

Dans les trois cas, les gens faisaient l'analyse de l'efficacité de la lutte l'égale et si, oui ou non, une action pouvait s'y intégrer.

Nous ne ferions pas d'action illégale si une lutte active, tranquille et légale pouvait être efficace.

- L'action contre les Red Hot Vidéo suscita une réaction dans le mouvement que ni celle de Litton ni celle contre l'Hydro n'entraînèrent. Comment l'expliquez-vous ? Faites-vous une distinction entre ces actions ?

La première de toutes, l'action contre les RHV, n'a pas été exécutée par tous les cinq.

Malgré ce qu'ils disent, c'est une action de femmes et seules des femmes y participèrent.

Je pense que c'était la plus réussie, parce que, la question de la pornographie est mieux comprise, par la communauté féminine que Cheeckye Dunsmuir, les mégaprojets ou le développement industriel en Colombie britannique (B.C.) ne sont compris par les gens en général.

La communauté féminine a une très grande conscience de son oppression et de ce que la pornographie signifie.

Il y a une très forte communauté féministe en B.C. qui soutient et comprend les choses comme cela. Je pense aussi que l'usage de la bombe incendiaire comme technique est plus facile à comprendre parce que la moyenne des gens peuvent s'y reconnaître, parce qu'ils peuvent le faire eux-mêmes. Cela n'implique pas le vol de l'explosif et la connaissance de son utilisation.

Les gens se sentent moins menacés par l'utilisation de la bombe incendiaire que par celle de l'explosif, par le fait de devoir rentrer dans la clandestinité ou de devoir porter des armes.

En quoi ce choix tactique particulier entre-t-il dans la construction d'un large front s'appuyant sur le niveau de conscience politique ?

Je pense qu'il y a différentes manières d'agir sur ces questions. J'ai toujours pensé que le sabotage était une forme valable de contestation, mais le peuple n'est, historiquement, pas préparé à le faire.

Il n'y a pas qu'une seule stratégie ou une seule tactique qui soit valable, et le reste inutile.

Je me fixe cependant comme limite la négociation avec le gouvernement ou les puissances industrielles. Je ne pense pas que les pétitions, faire partie d'un groupe gouvernemental, faire pression sur le gouvernement ou discuter en privé, avec dès dirigeants d'entreprises, ne puissent mener à quelque chose.

Une fois que les gens réalisent ceci, ils peuvent développer une politique extra-parlementaire.

Il y a toute une gamme de tactiques politiques et de stratégies qui sont efficaces et tolérables.

Je pense que la force du mouvement réside, justement, dans le soutien mutuel des différentes tactiques et stratégies.

Dans l'unité, ces diversités peuvent toujours être débattues et critiquées. Il en résultera une évolution et un changement.

- La sévérité de la peine n'est pas due aux actions contre Litton, l'Hydro ou aux attentats contre les RHV : Tu as été condamnée à vie pour un crime que tu n'as pas commis, une tentative de meurtre contre un vigile de la Brinks. Qu'est ce que cela a représenté pour toi ?

Je ne pense pas qu'il soit possible de prendre une telle décision à froid. Évidemment, n'importe quelle personne participant à un vol à main aimée doit être préparée à tirer, sinon c'est elle qui se : fera tuer.

L'organisation de l'action fut étudiée à fond de manière à éviter, dans la mesure du possible, toute bavure.

- Pensez-vous que cela a été compris par le juge et le jury ?

Je crois que le juge l'a très bien compris, mais a refusé de le reconnaître officiellement, parce qu'il voulait être capable de justifier la peine maximum.

Ce n'est pas possible qu'il ne l'ait pas saisi parce qu'il doit l'avoir entendu (sur la bande magnétique).

Il y eut à peu près cinq bonnes heures, où nous ne cessions de revenir sur le déroulement du hold-up, que nous avions déjà préparé tant de nuits, menottant encore et encore le gardien. Menottant un gardien vivant, évidemment. Le juge n'est pas assez stupide pour ne pas avoir compris que ces scènes furent répétées afin d'éviter que le gardien ne soit tué. Elles ne furent jamais envisagées avec un mort, mais avec un gardien en vie.

Mais, je pense qu'afin de justifier les sentences, le juge fit tout ce qu'il put pour que nous semblions avoir organisé le meurtre du type.

- Les gens ont dit que le genre d'actions que vous faisiez augmentait la répression sur la sphère politique. En acceptez-vous la responsabilité ?

Evidemment, nous avons fait augmenter la répression, mais nous n'en sommes responsables qu'à un certain degré.

La raison que tu formules n'est pas nécessairement vraie.

Elle ne doit pas cacher la vraie nature de là répression.

La répression était là avant qu'aucun de nous ne fasse quelque chose. Je pense que partout, dans tout le monde occidental, tous les instruments de répression - balles de caoutchouc, appareils d'écoute, méthode de surveillance - existent. Qui les utilise et quand dépend de ce qui se passe dans chaque pays.

Si le peuple est relativement obéissant et n'est simplement pas content des choses sans pour cela agir sérieusement, il n'y a pas besoin de répression. Je pense qu'ils sont suffisamment habiles pour comprendre qu'il n'est pas nécessaire de tirer sur des gens qui manifestent pacifiquement.

Lorsqu'il y a des émeutes qui menacent l'ordre, les balles en caoutchouc et les jets d'eau sont utilisés.

Ils nous ont utilisés pour justifier l'accroissement de la répression, particulièrement sur les milieux anarchistes et féministes.

Mais je suis sûre qu'il y a une importante somme d'informations et une haute surveillance dirigées contre d'autres groupes, comme le mouvement ouvrier. Je pense qu'ils ont probablement un fichier plus vaste sur les militants ouvriers qu'ils n'en ont sur les communautés anarchistes ou féministes, parce qu'ils ont une plus grande habitude, une intervention plus ancienne dans le mouvement ouvrier qu'ils n'en ont historiquement dans les milieux marginalisés.

Un aspect utile du « voir dire » et du procès Brinks fut qu'un nombre de méthodes policières modernes apparurent au grand jour.

Je pense que les gens peuvent y réagir et comprendre que ce genre de surveillance, électronique et physique à la fois, dont nous fûmes l'objet, sera utilisée contre toute personne qui exprime des idées radicales.

- Ne pensez-vous pas que vous avez été mal compris par une grande partie des milieux de gauche ?

Nous n'avons pas eu le temps dé communiquer nos idées puisque nous avons été arrêtés très tôt. Une fois arrêtés, nous étions confrontés à cet horrible problème d'être bâillonnés par le choix de la voie légale.

Tu ne peux pas avancer dans un procès légal, reconnaître ce que tu as fait sans pouvoir réellement en parler, car ce que tu dis peut mettre en danger les chances d'autres personnes d'être acquittées. Nous avons été principalement bâillonnés jusqu'à ce que nous ayons décidé de plaider coupables. Maintenant que nous pouvons parler, nous donnons des interviews pour essayer d'atteindre des gens.

Nous écrivons plus. Les idées des gens changent constamment et évoluent, et nous ne sommes pas nécessairement d'accord avec chaque petite chose que nous écrivions et disions avant que nous ne soyons en taule.

Aussi nous allons expliquer les raisons qui nous ont poussé à faire ces actions et faire une critique de nos méthodes, dans l'année à venir.

- Est-il toujours possible pour vous de prendre une décision claire, comme le choix de mener une défense légale stricte ou plutôt politique ?

Ce n'est jamais totalement clair, à cause du nombre d'inculpations retenues contre nous.

Il y a eu 21 inculpations contre chaque individu, plus de cent au total, et cinq personnes sont concernées.

Certains sont innocents de faits qui leur sont reprochés.

Ce que nous avons essayé de faire était de participer au système légal et d'y développer nos idées politiques, autant que cela fut possible, dans les limites du procès. Mais c'est très difficile. Tes avocats te parlent constamment pour que tu ne puisses jamais faire de déclarations politiques.

Quand tu veux que des témoignages politiques soient effectués en audience, l'avocat est réticent. Cela met en danger son image professionnelle vis-à-vis du juge et du procureur de poser des questions politiques que la cour estime hors sujet. Et cela demande une énergie du diable, d'obtenir de ton avocat qu'il le fasse quand même.

En plus, nous n'avions que deux heures par semaine pour parler d'une centaine d'inculpations et d'un million de petites questions compliquées.

Si nous avions été mis en liberté provisoire, cela aurait été totalement différent. Mais l'enchaînement des circonstances rendit cela impossible. Même si, personnellement, je voulais décider de ne pas collaborer à cette voie légale. Je ne pouvais pas penser seulement à moi.

Plaider l'innocence, n'est pas plus honorable que de plaider coupable lorsqu'aucune défense n'est valable et que tu ne penses pas réellement avoir commis un crime. D'un côté, tu te sens hypocrite de plaider l'innocence.

C'est comme de dire « je ne pouvais pas faire ça, quelqu'un d'autre l'a fait » quand tu l'as réellement fait. Mais dans le même temps, tu te sens hypocrite de plaider coupable parce que tu ne te sens coupable de rien du tout. Et tu n'acceptes pas de devoir être puni pour cela.

C'est une position très difficile d'être dans ce système légal, quand il n'y a absolument aucun point commun entre tes valeurs et tes perspectives d'ensemble, et les valeurs et les perspectives de celui-ci.

- Etant donné tout ce qui s'est passé et la situation dans laquelle vous êtes maintenant, comment envisagez-vous la phase à venir de votre vie ?

Nous allons tous être envoyés dans une prison fédérale et nous continuerons simplement de vivre.

La prison devient ta communauté, ta vie, la plupart d'entre nous fait des études en tout genre et est très liée aux autres détenus.

- Comment est la vie carcérale, jusqu'à présent, en Oakalla ?

Très, très bien. Les autres femmes sont très sympas. Elles comprennent notre lutte quasiment à un niveau tripal.

Beaucoup de gens ici n'ont pas une intelligence universitaire ou théorique et politique, mais la plupart d'entre eux ont une compréhension plus immédiate et sincère de la politique que beaucoup de gens que j'avais l'habitude de connaître dehors... Elle est plus vraie, dans un sens.

D'abord, ils ont compris leur oppression, et puis leur rage et leur opposition à cela est beaucoup plus sincère.

A peu près 75 % d'entre eux sont des gens qui ont vu leur famille expulsée des réserves ou sombrer dans l'alcoolisme. Quand vous partez de certaines choses, comme 1a lutte des Indiens, c'est très concret pour eux.

La population blanche qui est ici, provient principalement de milieux très pauvres et a l'expérience du sexisme sous ses formes les plus brutales.

Chaque femme que je connais ici le comprend totalement.

Nous nous entendons bien avec les autres femmes, et nous apprenons aussi beaucoup d'elles.. C'est une relation d'égalité. Les femmes, ici, ont une foule de choses à enseigner à des gens qui ont appris à travers les livres.

- Attendez-vous avec impatience d'être transférés à Kingston ?

Bien sûr. Ici, c'est un centre de détention préventif. Beaucoup de personnes y sont juste en attente d'être jugées.

A Oakalla, il n'y a pratiquement aucune perspective possible.

Ici, il n'y a pas d'activité, tu ne peux rien apprendre.

Ici, il n'y a pas de liens, pas d'interaction dans la communauté.

Tu ne peux pas dépenser de l'argent ici. Pas de possibilité d'obtenir de médicaments. C'est surpeuplé.

Tu ne peux avoir aucune intimité. C'est .une population très éphémère.

C'est vraiment très difficile de s'y faire.

Si tu te fais des amies, elles s'en vont au bout de deux mois. Tu ne peux pas t'y installer comme pour une longue peine. J'attends avec impatience de partir pour la centrale, parce que là, tu peux te faire un programme, travailler à préparer des examens et passer du temps avec les autres femmes qui purgent aussi de longues peines et qui ont donc une attitude différente.

- Y a-t-il quelque chose que vous voulez dire aux gens qui liront cette interview ?

Nous allons tous bien. Je ne pense pas qu'aucun de nous n'ait été brisé par cela de quelque manière que ce soit.

Nous nous sentons tous relativement forts. Le plus dur, c'est quand on se focalise sur les aspects négatifs de ce que nous avons fait et que tu sens les critiques provenant de chaque communauté.

Alors que tu penses qu'il y avait des choses positives dans ce que tu as fait, et des choses positives que tu as essayé d'exprimer politiquement. Tu puises toutes tes forces dé l'interaction avec ta propre communauté.

Aussi, si tu n'obtiens rien d'elle, tu commences à t'affaiblir. Mais, en fin de compte, ce qui t'aide le plus, c'est de savoir que des gens continuent et qu'ils ne prennent pas prétexte de ce qui t'est arrivé pour arrêter de lutter.

http://etoilerouge.chez-alice.fr/docrevinter5/w1.html